Respuesta corta: porque no sabe de qué está hecho tu peso. Gómez-Ambrosi y colaboradores (International Journal of Obesity, 2012) midieron la grasa real de 6.123 españoles: el 80% de los que el IMC llamaba «sobrepeso» ya tenían grasa en rango de obesidad, y también el 29% de los que llamaba «normopeso». No está mal calculado. Es que no mide lo que crees.

Lo que el IMC dice de tiLo que se encontró al medir la grasa de verdad
«Normopeso»29% ya tenía grasa en rango de obesidad
«Sobrepeso»80% ya tenía grasa en rango de obesidad
«Sobrepeso» (salud metabólica)Casi la mitad estaba metabólicamente sana
«Normopeso» (salud metabólica)Más del 30% estaba metabólicamente enferma

Hay pocos números que gobiernen tanto la cabeza de la gente como este. Te lo dice la báscula del gimnasio, te lo calcula el médico en la revisión de empresa y te lo escupe cualquier web en dos segundos. Y con ese número mucha gente decide si está bien o está mal.

El problema no es que el IMC esté mal calculado. Es que responde a una pregunta distinta de la que le hacemos.

¿Por Qué el IMC No Es Fiable Para una Persona Concreta?

Porque solo divide tu peso entre tu altura al cuadrado. No sabe cuánto de ese peso es músculo, cuánto es grasa, cuánto es hueso y cuánto es agua. Dos personas con el mismo IMC pueden tener el doble de grasa la una que la otra, y el número las trata igual.

Es una fórmula de dos variables para describir algo que depende de muchas más. Y esa simplificación tiene un precio que se ha medido.

El trabajo más relevante para nosotros es español. Gómez-Ambrosi y su equipo, de la Universidad de Navarra, publicaron en International Journal of Obesity en 2012 un análisis de 6.123 personas a las que midieron la grasa corporal con pletismografía por desplazamiento de aire, que es una medición real y no una estimación de báscula.

Lo que salió al comparar la etiqueta con la grasa real

De las personas que el IMC clasificaba como normopeso, el 29% tenía un porcentaje de grasa corporal en rango de obesidad. De las clasificadas como sobrepeso, el 80%. Y no eran diferencias solo de etiqueta: esas personas presentaban marcadores de riesgo cardiometabólico, como la proteína C reactiva, comparables a los de personas diagnosticadas de obesidad.

Dicho de otra forma: el IMC no solo falla, falla en las dos direcciones a la vez. Tranquiliza a gente que debería mirarse y alarma a gente que está bien.

¿A Cuánta Gente Clasifica Mal?

A muchísima. En un análisis de 40.420 adultos con datos de la encuesta nacional de salud estadounidense, casi la mitad de las personas en la categoría de sobrepeso estaban metabólicamente sanas, y más del 30% de las que tenían IMC normal estaban metabólicamente enfermas.

Lo publicaron Tomiyama y colaboradores en International Journal of Obesity en 2016, y usaron cinco medidas objetivas de salud metabólica: tensión arterial, triglicéridos, colesterol, glucosa y resistencia a la insulina. Nada de percepciones.

Categoría del IMCMetabólicamente sanos
SobrepesoCasi la mitad
Obesidad29%
Obesidad tipo 2 y 316%
Peso normalMás del 30% estaba enfermo

Los autores hicieron la cuenta de lo que eso supone en su país: casi 75 millones de adultos estadounidenses clasificados al revés por usar el IMC como si dijera algo sobre su salud individual.

Un número que se equivoca con setenta y cinco millones de personas no es un número malo. Es un número al que le estamos preguntando lo que no sabe.

¿De Dónde Salió el IMC?

De la estadística del siglo XIX, no de la medicina. Lo formuló el belga Adolphe Quetelet en torno a 1832, y no era matemático de la salud sino astrónomo y estadístico. Buscaba describir al «hombre medio» de una población entera. Nunca lo diseñó para decirle nada a una persona concreta.

Esto explica bastante. Una fórmula pensada para hablar de miles de personas a la vez funciona muy bien haciendo justo eso: comparar países, seguir tendencias a lo largo de décadas, planificar sistemas sanitarios. Es barata, rápida y solo necesita una báscula y una cinta.

Lo que ocurrió después fue un cambio de uso que nadie decidió: de describir poblaciones pasó a etiquetar individuos, porque era el número que ya estaba ahí y no costaba nada calcularlo.

¿Entonces No Sirve Para Nada?

Sirve, pero no para lo que la gente lo usa. Como herramienta de población es útil y barata, y por eso la usan los sistemas sanitarios de medio mundo. Como cribado grosero puede señalar a quién conviene mirar más de cerca. Como diagnóstico de tu salud, no vale.

Quiero ser justo con esto, porque el discurso contrario también se pasa de frenada. Hay quien ha convertido el «el IMC no sirve» en una excusa para no mirar nada, y eso es otro error.

En los extremos el IMC acierta bastante. Alguien con un IMC de 40 tiene un problema de exceso de grasa con una probabilidad altísima, y ahí el número no se equivoca casi nunca. Donde se vuelve inútil es en la franja donde está la mayoría de la gente, entre 22 y 30, que es justo donde casi todo el mundo consulta su resultado buscando un veredicto.

Los tres casos en que el IMC falla más

  • Gente con bastante músculo. El músculo pesa, así que entrenar fuerza puede empujarte a «sobrepeso» estando mejor que nunca.
  • Personas mayores. Con los años se pierde músculo y se gana grasa sin que el peso cambie, así que el IMC se queda quieto mientras la composición empeora.
  • Delgados con grasa visceral. El perfil de peso normal y barriga, que el IMC no ve y que sí tiene riesgo metabólico.

¿Qué Miro en Lugar del IMC?

Tres cosas que no cuestan dinero. El perímetro de cintura, que se relaciona con la grasa visceral. Cómo te queda la ropa y las medidas, que detectan cambios que la báscula esconde. Y una analítica básica, que es lo único que describe de verdad tu estado metabólico.

La cintura es la que más información da por el esfuerzo que cuesta, y tiene umbrales establecidos y una regla práctica muy fácil de recordar. Los números concretos, cómo medirte igual que en los estudios y qué significan los centímetros los desarrollé en cuántos kilos hay que perder para bajar 1 cm de cintura.

El porcentaje de grasa es más preciso pero también más difícil de medir bien: las básculas de bioimpedancia dan cifras muy variables según la hidratación y la hora del día. Sobre qué porcentajes significan qué, y por qué la báscula no te lo va a decir, escribí en a qué porcentaje de grasa se ven los abdominales.

La ropa suena poco científico y es de lo más útil que hay, porque cambia cuando cambia la composición aunque el peso no se mueva. Cuánto hay que perder para notarlo está en cuánto peso perder para bajar una talla.

¿Y Si Mi IMC Dice Sobrepeso y Me Encuentro Bien?

Entonces mide otras dos cosas antes de tomar ninguna decisión: la cintura y una analítica. Si las dos están bien, es muy probable que estés en ese casi 50% de personas etiquetadas como sobrepeso que están metabólicamente sanas. Si alguna está mal, ya tienes algo concreto sobre lo que trabajar.

Lo que no tiene ningún sentido es lo que veo hacer todas las semanas: ponerse a dieta agresiva porque un número calculado con dos variables ha dicho una palabra. La decisión de perder grasa debería salir de datos que describan tu grasa, no de una división.

Y al revés, con la misma claridad: si tu IMC sale normal pero tienes barriga, la cintura por encima del umbral y la analítica regular, ese «normopeso» no te está diciendo que estés bien. Está diciendo que pesas lo que corresponde a tu altura, que es otra cosa.

Lo Que Yo Miro Cuando Alguien Me Enseña su IMC

No lo miro. Pregunto cuánto mide de cintura, cómo le queda la ropa que tenía hace dos años, qué fuerza tiene y cómo salió la última analítica. Con esas cuatro respuestas sé bastante más que con el número, y ninguna necesita una fórmula.

El IMC tiene una ventaja enorme sobre todo lo demás y es la que explica que siga aquí: es un solo número y es gratis. Todo lo que informa mejor cuesta más trabajo, más tiempo o más dinero. Por eso ganó, y por eso conviene saber exactamente hasta dónde llega.

Lo que haría esta semana si el IMC te preocupa

  • Mídete la cintura con una cinta, en ayunas, por encima del ombligo. Anótala.
  • Compárala con la mitad de tu altura. Es la referencia práctica más usada y más fácil de recordar.
  • Mira tu última analítica: glucosa, tensión, triglicéridos y colesterol. Ahí está tu salud metabólica.
  • Deja de pesarte a diario si el número te condiciona el día. Por qué fluctúa tanto lo tienes aquí.

Si te quedas con una frase: el IMC describe poblaciones, no personas. Es un buen número haciendo lo que se diseñó para hacer, y uno bastante malo haciendo lo que le pedimos todos los días.

Preguntas frecuentes

¿Por qué el IMC no es fiable?

Porque solo divide tu peso entre tu altura al cuadrado y no sabe cuánto de ese peso es músculo, grasa, hueso o agua. En un estudio con 6.123 españoles, Gómez-Ambrosi y colaboradores (International Journal of Obesity, 2012) midieron la grasa corporal real y encontraron que el 29% de las personas que el IMC clasificaba como normopeso ya tenían grasa en rango de obesidad, y lo mismo pasaba en el 80% de las clasificadas como sobrepeso. El número no está mal calculado: es que no mide lo que la gente cree que mide.

¿Cuál es mi peso ideal según mi altura?

No existe un peso ideal por altura, porque dos personas de la misma estatura pueden tener composiciones corporales completamente distintas y estados de salud opuestos. Las tablas de peso ideal salen del mismo cálculo que el IMC y arrastran el mismo problema. Si quieres un número que informe de algo, mide tu cintura: la referencia práctica más usada es mantenerla por debajo de la mitad de tu altura, y ese sí se relaciona con riesgo metabólico.

¿Entonces el IMC no sirve para nada?

Sirve, pero no para lo que se usa. Es una herramienta epidemiológica: describe bien poblaciones grandes y es barata de aplicar a millones de personas, y por eso la usan los sistemas sanitarios. Donde falla es al bajar al individuo, que es justo donde la gente la utiliza. Como cribado grosero puede señalar a quién conviene mirar más de cerca; como diagnóstico personal, no vale.

¿Puedo estar sano con el IMC en sobrepeso?

Sí, y es bastante frecuente. En el análisis de Tomiyama y colaboradores (International Journal of Obesity, 2016) sobre 40.420 adultos, casi la mitad de las personas en la categoría de sobrepeso estaban metabólicamente sanas según tensión, glucosa, triglicéridos, colesterol y resistencia a la insulina. También ocurre al revés: más del 30% de las personas con IMC normal estaban metabólicamente enfermas. La etiqueta y el estado de salud coinciden mucho menos de lo que parece.

¿Qué debo mirar en lugar del IMC?

Tres cosas, y ninguna requiere aparatos caros. El perímetro de cintura, que se relaciona con la grasa visceral y se mide con una cinta métrica. La ropa y las medidas, que detectan cambios de composición que la báscula esconde. Y una analítica básica con glucosa, tensión y perfil lipídico, que es lo que de verdad describe tu estado metabólico. Ninguna de las tres cabe en un solo número, y por eso el IMC sigue siendo tan popular.

Fuentes