Las calorías de la etiqueta son una estimación con una fórmula del siglo XIX, la ley permite un margen del 20% en los macronutrientes y tu intestino decide parte de lo que absorbes. Aun así, contar calorías sirve. Te explico por qué y cómo hacerlo sin obsesionarte con el número.
Respuesta corta: no, son una aproximación. Se calculan con unos factores fijos de hace más de un siglo, la normativa europea tolera un margen del 20% en los macronutrientes, y en algunos alimentos el error es mayor. En el estudio de Novotny y colaboradores (American Journal of Clinical Nutrition, 2012), las almendras aportaron un 32% menos de lo que dice su etiqueta. Pero el mayor fallo no está en el envase: está en lo que apuntamos que comemos.
| Qué se midió | Según la etiqueta o el cálculo | Lo que se midió de verdad |
|---|---|---|
| Un puñado de almendras (28 g) | 168-170 kcal | 129 kcal (un 32% menos). Novotny 2012 |
| Un puñado de nueces (28 g) | 185 kcal | 146 kcal (un 21% menos). Baer 2016 |
| Dieta con fibra y poco procesado frente a dieta occidental, con las mismas calorías | Lo mismo | 116 kcal menos absorbidas al día con la primera. Corbin 2023 |
| Sándwich integral frente a sándwich procesado, con las mismas calorías | Lo mismo | Digerir el integral gastó 137 kcal y el procesado 73. Barr 2010 |
| Lo que apuntaban comer personas que «no adelgazaban» | Lo que decían | Declaraban de media un 47% menos de lo que comían. Lichtman 1992 |
Datos de Novotny y cols. (2012) y Baer y cols. (2016), Departamento de Agricultura de EE. UU.; Corbin y cols. (Nature Communications, 2023); Barr y Wright (Food and Nutrition Research, 2010) y Lichtman y cols. (New England Journal of Medicine, 1992).
Hace unos días salió un estudio de la Universidad Estatal de Arizona con un titular que corrió por todas partes: las bacterias de tu intestino deciden cuántas calorías absorbes de verdad, así que las etiquetas no son exactas. Y es cierto. Pero si de ahí sacas la conclusión de que contar calorías no sirve para nada, te estarías equivocando.
Te cuento de dónde salen las calorías de un envase, cuánto pueden fallar, qué alimentos te dan menos de lo que pone, qué pinta la microbiota y, sobre todo, cómo usar los números para perder grasa sabiendo que no son perfectos.
¿Son exactas las calorías de la etiqueta?
No, son una estimación razonable. Se calculan multiplicando los gramos de proteína, hidratos y grasa por unos factores fijos, y la normativa europea admite un margen del 20% en esos macronutrientes. Además, lo que absorbes depende de cómo esté procesado el alimento y de tu microbiota. Aun así, como punto de partida funcionan bien.
Piensa en las calorías de la etiqueta como en el consumo de gasolina que anuncia un coche. Es un dato útil para comparar, se calcula en condiciones estándar y en la vida real casi nunca coincide al céntimo. Nadie deja de mirar el consumo por eso. Lo usas sabiendo que es una aproximación.
En el caso de la comida, el margen de error viene de tres sitios distintos: cómo se calcula el número, cuánto varía un lote de otro y cuánto acaba absorbiendo tu cuerpo. Y luego hay un cuarto, el más grande, que ya no depende de la etiqueta: lo bien o lo mal que apuntas lo que comes.
¿De dónde salen las calorías de una etiqueta?
De una fórmula. Casi nunca se mide la energía: se analizan los gramos de proteína, hidratos y grasa y se multiplican por 4, 4 y 9 kilocalorías por gramo. Son los factores de Atwater, de finales del siglo XIX. La guía europea de 2012 permite que los macronutrientes se desvíen un 20% en la mayoría de los alimentos.
Wilbur Atwater fue un químico estadounidense que, a finales del siglo XIX, quemó alimentos y midió lo que la gente excretaba para calcular cuánta energía aprovechaba el cuerpo de cada nutriente. De ahí salen los números que todavía usamos: 4 kilocalorías por gramo de proteína, 4 por gramo de hidratos, 9 por gramo de grasa y 7 por gramo de alcohol.
El problema es que son medias. Asumen que todas las proteínas, todos los hidratos y todas las grasas se digieren igual, vengan de un filete, de una almendra o de un bollo. Y no es así.
A eso se suma la variación natural. Dos tomates no son iguales, ni dos lotes de galletas. Por eso la Comisión Europea publicó en 2012 una guía de tolerancias para las autoridades que controlan el etiquetado. Para proteínas, hidratos, azúcares y fibra, en un alimento que tenga entre 10 y 40 gramos por cada 100, el valor real puede diferir un 20% del declarado. Con las grasas pasa lo mismo. Por debajo de 10 gramos el margen es de 1,5 a 2 gramos, y por encima de 40, de 8 gramos.
Lo que esto significa en la práctica: un yogur que dice 100 kcal puede tener algo más o algo menos sin que nadie haga nada mal. Para un día suelto da igual. Además, en la mayoría de los alimentos ese error unas veces va hacia arriba y otras hacia abajo, así que a lo largo de semanas se compensa en parte. Es justo lo que no pasa con el error de apuntar, que casi siempre va hacia el mismo lado.
¿Qué alimentos aportan menos calorías de las que dice la etiqueta?
Sobre todo los frutos secos enteros y los alimentos poco procesados. En ensayos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, las almendras aportaron un 32% menos de lo calculado y las nueces un 21% menos, porque parte de su grasa queda atrapada en la fibra y no se absorbe. Y digerir comida integral gasta más energía que digerir comida procesada.
Los estudios de los frutos secos los hizo el equipo de Janet Novotny y David Baer en el Centro de Investigación de Nutrición Humana de Beltsville, del Departamento de Agricultura de Estados Unidos. Son de los más precisos que hay sobre esto: los participantes comían una dieta controlada al gramo, con o sin frutos secos, y durante días recogían toda la orina y las heces para medir cuánta energía salía del cuerpo.
Con las almendras, un puñado de 28 gramos aportó 129 kilocalorías en lugar de las 168-170 que da la fórmula. Con las nueces, 146 en lugar de 185. La razón es física: las paredes de las células de un fruto seco entero son duras, y al masticar no las rompes todas. La grasa que queda dentro pasa de largo.
Si te gusta la crema de cacahuete, el efecto es menor, porque al triturar el fruto seco rompes casi todas esas paredes. Te lo conté en si la crema de cacahuete engorda.
El procesado también cambia lo que gastas al digerir. En un experimento de 2010 en la Universidad Pacific de Oregón, 17 personas comieron dos sándwiches de queso con las mismas calorías: uno con pan multicereal y queso cheddar, otro con pan blanco y queso procesado. En las horas siguientes, digerir el primero les hizo gastar 137 kilocalorías y el segundo, 73. Es un estudio pequeño y con una sola comida, pero apunta a algo que tiene sentido: cuanto más trabajo le das al cuerpo para digerir, menos energía neta te queda. Por qué los ultraprocesados facilitan comer de más lo tienes en si los ultraprocesados engordan.
¿Influye la microbiota en las calorías que absorbes?
Sí, aunque menos de lo que dicen. En un ensayo de 2023, jóvenes sanos con una dieta rica en fibra y poco procesada absorbieron 116 kilocalorías menos al día que con una dieta occidental de las mismas calorías. Un estudio de octubre de 2026 calcula que las bacterias del colon aportan en torno al 7% de la energía que aprovechas.
El ensayo de 2023 lo publicó el equipo de Karen Corbin, del instituto de investigación AdventHealth de Orlando, con la Universidad Estatal de Arizona, en Nature Communications. Ingresaron a los participantes en una unidad metabólica, donde se controla todo lo que comen y todo lo que gastan, y les dieron dos dietas con las mismas calorías. Una occidental, con mucho procesado. Otra pensada para alimentar a las bacterias del intestino, con fibra, almidón resistente y alimentos enteros.
Con la segunda, perdieron 116 kilocalorías más al día por las heces, entre la comida que no absorbían y la que se quedaban las bacterias. Y no pasaron más hambre. Hubo bastante diferencia de unas personas a otras, y parte de esa diferencia la explicaba la actividad de sus bacterias.
El estudio que ha salido este mes, de Taylor Davis y Bruce Rittmann en PLOS One, usa los datos de ese ensayo para construir un modelo matemático de la digestión. Calcula que, en esas dietas, los ácidos grasos que fabrican las bacterias del colon aportaban unas 140 kilocalorías al día, alrededor de un 7% de la energía aprovechada. Es un modelo, y los propios autores avisan de que todavía no sirve para hacer dietas personalizadas.
Lo práctico de todo esto no es buscar «la microbiota que no engorda». Es algo mucho más simple: comer más fibra y menos procesado hace que, con las mismas calorías en el papel, aproveches algo menos. Si quieres ir por ahí, lo tienes en para qué sirve la fibra.
La etiqueta puede fallarte un 20%. Tu memoria, casi un 50%.
¿Entonces sirve de algo contar calorías?
Sí, porque el objetivo no es acertar el número exacto, sino tener una referencia estable para ajustar. Los errores de la etiqueta son pequeños comparados con el error de apuntar: en un estudio clásico, personas que decían no adelgazar comiendo poco declaraban un 47% menos de lo que comían de verdad. Contar bien, aunque sea con cifras imperfectas, sigue funcionando.
Ese estudio se publicó en 1992 en el New England Journal of Medicine y lo dirigió Steven Lichtman en Nueva York. Estudiaron a diez personas con obesidad que aseguraban no adelgazar comiendo menos de 1.200 kilocalorías al día. Les midieron con precisión lo que gastaban y lo que comían. Su metabolismo era normal. Lo que pasaba es que apuntaban casi la mitad menos de lo que comían de verdad y decían moverse bastante más de lo que se movían.
No eran mentirosos. Es lo que nos pasa a casi todos: olvidamos el aceite de la sartén, el puñado de patatas del aperitivo, la cucharada de más. Te lo expliqué con detalle en por qué te estancas al perder peso.
Lo bueno es que para perder grasa no necesitas saber cuántas calorías comes de verdad. Necesitas un número de referencia, contado siempre igual, y la báscula para saber si con ese número bajas o no. Si las almendras te dan un 30% menos de lo que apuntas, mejor para ti: es un error a tu favor. Y con el gasto pasa lo mismo, porque el número que te da el reloj tampoco es exacto, como te conté en cuántas calorías quema de verdad tu reloj.
Los números ayudan. Lo que decide es si sigues dentro de tres meses.
Contar calorías con precisión durante dos semanas y dejarlo no sirve de mucho. Lo que de verdad cambia tu cuerpo es lo que mantienes. He preparado un test de catorce preguntas que mira cómo estás en cuerpo, energía, trabajo y vida, te dice cuál es tu patrón de abandono y el primer cambio que haría yo contigo. Son tres minutos y es gratis.
¿Cómo contar calorías si las cifras no son exactas?
Usa siempre la misma fuente y el mismo método, pesa la comida las primeras semanas y mira la tendencia de tu peso durante dos o tres semanas antes de cambiar nada. Si no bajas, recorta 100-200 kilocalorías al día. El número de la aplicación es una brújula: te dice la dirección, no la distancia exacta.
Lo que hago con la gente que entreno cuando quiere contar:
| Paso | Qué hacer | Por qué |
|---|---|---|
| 1. Elige una sola aplicación | Y usa siempre las mismas entradas para tus comidas habituales | Si el error es constante, no estropea la comparación de una semana a otra |
| 2. Pesa durante dos o tres semanas | Sobre todo aceite, frutos secos, pan, arroz y pasta | Es donde más se falla a ojo, y no hace falta pesar toda la vida |
| 3. Apunta en crudo cuando puedas | El arroz o la pasta cambian mucho de peso al cocerlos | Es la fuente de error más común en las aplicaciones |
| 4. Mira la media semanal del peso | Pésate varias mañanas y compara medias, no días | El peso de un día sube y baja por el agua |
| 5. Ajusta poco y espera | Si en dos o tres semanas no baja, quita 100-200 kcal al día | Así corriges el error real sin pasar hambre de más |
Si es la primera vez y no sabes de qué número partir, empieza por cuántas calorías comer al día para perder peso y por cómo calcular tu déficit calórico.
Las calorías de la etiqueta no son exactas, y no pasa nada. Lo que tiene que ser constante es tu forma de contarlas.
¿Quién vas a ser dentro de 365 días?
Catorce preguntas sobre tu cuerpo, tu energía, tu trabajo y tu vida. Al terminar te escribo una carta con tu patrón de abandono, cómo estás hoy en cada área y el primer cambio que haría yo contigo esta semana, con el plan paso a paso.
Empezar el cuestionarioPreguntas frecuentes
¿Cuánto margen de error tienen las calorías de la etiqueta?
No hay un margen fijo para las calorías, pero la guía de la Comisión Europea de 2012 permite que proteínas, hidratos, azúcares, fibra y grasas se desvíen un 20% de lo declarado en alimentos que tengan entre 10 y 40 gramos de ese nutriente por cada 100. Como las calorías se calculan a partir de ellos, heredan ese margen.
¿Cómo se calculan las calorías de un alimento?
Casi siempre con una fórmula: se miden los gramos de proteína, hidratos y grasa y se multiplican por 4, 4 y 9 kilocalorías por gramo, y el alcohol por 7. Son los factores de Atwater, de finales del siglo XIX. Son medias, así que no tienen en cuenta que algunos alimentos se digieren peor que otros.
¿Las almendras tienen menos calorías de lo que pone?
Sí. En un ensayo del Departamento de Agricultura de Estados Unidos publicado en 2012, un puñado de 28 gramos de almendras aportó 129 kilocalorías en lugar de las 168-170 calculadas, un 32% menos. Con las nueces la diferencia fue del 21%. Parte de su grasa queda atrapada en la fibra y no se absorbe.
¿La microbiota hace que engordes más o menos?
Influye algo en las calorías que absorbes. En un ensayo de 2023, jóvenes sanos absorbieron 116 kilocalorías menos al día con una dieta rica en fibra y poco procesada que con una dieta occidental de las mismas calorías. Un modelo de 2026 calcula que las bacterias del colon aportan en torno al 7% de la energía aprovechada.
¿Sirve de algo contar calorías si no son exactas?
Sí. Para perder grasa no necesitas el número exacto, sino una referencia contada siempre igual y la báscula para ver si bajas. El error de la etiqueta es pequeño comparado con el de apuntar lo que comes: en un estudio de 1992, personas que decían no adelgazar declaraban de media un 47% menos de lo que comían.
Fuentes
- Novotny JA, Gebauer SK, Baer DJ. Discrepancy between the Atwater factor predicted and empirically measured energy values of almonds in human diets. American Journal of Clinical Nutrition, 2012;96(2):296-301. DOI: 10.3945/ajcn.112.035782
- Baer DJ, Gebauer SK, Novotny JA. Walnuts Consumed by Healthy Adults Provide Less Available Energy than Predicted by the Atwater Factors. Journal of Nutrition, 2016;146(1):9-13. DOI: 10.3945/jn.115.217372
- Corbin KD, Carnero EA, Dirks B y cols. Host-diet-gut microbiome interactions influence human energy balance: a randomized clinical trial. Nature Communications, 2023;14(1):3161. DOI: 10.1038/s41467-023-38778-x
- Davis TL, Dirks B, Carnero EA y cols. Modeling the microbial contribution to human energy balance using the Digestion, Absorption, and Microbial Metabolism (DAMM) model. PLOS One, 2026;21(5):e0347668. DOI: 10.1371/journal.pone.0347668
- Barr SB, Wright JC. Postprandial energy expenditure in whole-food and processed-food meals: implications for daily energy expenditure. Food and Nutrition Research, 2010;54. DOI: 10.3402/fnr.v54i0.5144
- Lichtman SW, Pisarska K, Berman ER y cols. Discrepancy between self-reported and actual caloric intake and exercise in obese subjects. New England Journal of Medicine, 1992;327(27):1893-1898. DOI: 10.1056/NEJM199212313272701
- Comisión Europea, Dirección General de Salud y Consumidores. Guidance document for competent authorities for the control of compliance with EU legislation on the setting of tolerances for nutrient values declared on a label. Diciembre de 2012.